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Salvo libros y catalogos

Edicion de la fotografia tras la voz de Jorge Rueda

La muestra Salvo libros y catálogos presenta una selección, mínima, del proyecto de investigación en torno a las ediciones de fotografía en España y un fondo de catalogación de publicaciones y libros que, tras las referencias biográficas del fotógrafo y editor Jorge Rueda, constituyen su base documental y el material del  debate sobre la fotografía y su edición.

Jorge Rueda dejó una estela de imágenes y textos contenidas en las publicaciones de fotografía española desde los convulsos años sesenta hasta nuestros días. Y firmó de su puño y letra su voluntad de quemar su archivo personal, compuesto de  vintages, ampliaciones, negativos, diapositivas y discos duros. Salvo libros y catálogos. 

Nuestra investigación, fiel a su testamento, toma como punto de partida mirar aquello que salva, y que perdura hoy, impreso en libros,  revistas y catálogos. Una obra en sí misma atravesada por un torrente de artículos, entrevistas, textos críticos y de acompañamiento. Y pone en valor la visualidad y relevancia de las publicaciones que son referentes y legado hoy.

Os invitamos a colaborar en el Libro de Visitas, convencidos de que aún nos quedan numerosos ítems para expandir nuestra investigación. Así como voces referentes y publicaciones, de toda índole, que incorporar al recorrido tras la voz de Jorge Rueda en torno a la edición de fotografía.    

Bio Jorge Rueda

Fotógrafo y editor. Fundador y director de “Nueva lente”, Revista fotográfica de vanguardias. (Madrid). Fundador y director artístico de “Aquí Imagen”, revista fotográfica. (Madrid). Vocal de ediciones Real Sociedad Fotográfica. (Madrid). Director Encuentros Fotográficos en Andalucía. Editor libro “Cuatro Años de Fotografía”. Ediciones “Nueva Lente”. (Madrid). Realizador gráfico libro “Horizonte Español”. Ediciones Ruedo Ibérico. (Paris). Redactor gráfico Revista Triunfo. (Madrid). Publicación libro “Mal de Ojo”. Ediciones Mestizo. (Murcia). Publicación libro “Desatinos”. Ediciones Siglo XXI. (Málaga). Publicación antológica libro “Human”. Lunwerg Editores. (Madrid). Y otros. Comisario seleccionador de fotógrafos españoles en los “Rencontres internacionales de la Photographie” (Arlés – France). Invitado de honor “Fete de la Photographie” (Narbonne – France). Miembro del jurado internacional de la crítica de los “Rencontres internacionales de la Photographie” (Arlés – France). Y otros. Numerosas publicaciones e intervenciones docentes o críticas, en espacios nacionales e internacionales.

http://www.jorgerueda.es

Créditos

Dirección
Julián Barón
Rocío Gutiérrez

Fondo catalogación
Lucía Osuna

Diseño
Jaime Narváez

Programación
Jon Unibaso

Organización
Fiebre 

INDEX

Libro de visitas


    Demetrio E. Bisset

    28/3/2021

    Mis encuentros con Jorge Rueda

     

    Conocí a Jorge en la primavera de 1971, poco después de mi regreso a España. Unos comunes amigos teatreros, me dijeron que me podía orientar en mi ingenua pretensión de trabajar como reportero de prensa, dada su experiencia en Triunfo. Me transmitió su desencanto con la prensa española, donde no se respetaba la autoría de los fotógrafos, además de pagarles poco. A pesar de su amargura, lo intenté, comprobando lo acertado de su opinión negativa.

    En enero de 1972 viajé a París para tratar de publicar fotos de España, y encontré el número de verano de los muy izquierdistas Cuadernos de Ruedo Ibérico, donde aparecía una serie de 12 fotos de la concentración franquista en la Plaza de Oriente el 17 diciembre de 1970, que me sorprendieron por su virulenta crítica, firmadas por un tal Pizzi.

    Al vernos a la vuelta, se lo comenté, enterándome que él estaba detrás de tal seudónimo, manteniendo su nombre secreto para evitar represalias del régimen. A partir de entonces entablamos una fluida relación amistosa, sin llegar a íntima.  Compartimos parecida postura política (en sintonía con la acracia), deseos de provocar con una fotografía corrosiva y entusiasmo por el fotomontaje. De hecho, durante mi estancia en Londres de 1969 había conocido la obra de John Heartfield y su potente uso del fotomontaje como arma política, lo que me espoleó para trabajar en esa línea. Otra vertiente común era nuestra colaboración con los grupos de teatro independiente, avanzadilla cultural antifranquista que forzaba los límites de la censura.

    A lo largo de los años, me ayudó a difundir mi obra, tanto en la revista Nueva Lente como en exposiciones que coordinó, como los Encuentros de Arlés (1978) y los de Andalucía en Málaga (1979). Una discrepancia que mantuvimos fue sobre el valor mercantil de nuestro trabajo. Tanto en prensa como en teatro, yo les ponía un precio bajo para vender muchas copias, siendo criticado por él: “Las vendes al peso. Y lo que yo hago es venderlas tan caras como el solomillo: quien las quiera, que las pague.” Su posición a este respecto era inflexible, no cediendo ante los mercaderes aprovechados. Y si podía mantenerse sin concesiones comerciales, era por su austeridad, al vivir con el mínimo de bienes materiales. Así, su escueta buhardilla en el barrio de las Letras (antes que se pusiera de moda); su mini-furgoneta que adaptó tan bien para vivienda y estudio fotográfico rodante, que salió como ejemplo en una revista del motor; y sus también reducidas camaritas que le permitían gran libertad y no perder ocasiones de atrapar buenos instantes.

    A finales del siglo, coincidimos en escaparnos de Madrid y vivir en la misma provincia, Málaga; él en su en la aldea de Jorox (donde fantaseaba con dedicarse a “Bodas, bautizos y comuniones”) y yo en la capital, a la que no le gustaba ir, salvo por necesidad. En su semi-retiro monacal en un viejo molino restaurado, se zambulló en las técnicas de posproducción del Photoshop, alcanzando un novedoso nivel en su ácida descripción social. Allí nos vimos por última vez hace una docena de primaveras.

    De nuestros encuentros, guardo varios recuerdos gráficos. Aquí mismo ya se publicaron las fotos que le tomé al final del franquismo en su minúsculo puesto del rastro madrileño (donde vendía objetos viejos más que antigüedades) y en la Galería Redor, tanto en una exposición como en un “happening fotográfico”. Ahora mostraré otras inéditas, donde daba rienda suelta a su vertiente histriónica, como actor encarnando el personaje de un antiguo fotógrafo de feria o minutero. Si él las hubiera visto, seguro que me diría: “Tíralas a la basura. ¡Son un horror, están quemadas!”, y tendría razón, ya que pertenecían a unos rollos destinados al espectáculo, a los que multipliqué la sensibilidad forzando mucho el revelado. Y encima, utilicé el flash para el interior donde él se instaló. Jorge era muy exigente con la técnica, empezando consigo mismo. Pero me resisto a no divulgar estos contactos, en homenaje a él.

    Se trataba del estreno por el grupo Tábano de la obra “Los últimos días de soledad de Robinson Crusoe” (del Grand Magic Circus francés), que tuvo lugar en el palacio de deportes de Salamanca. Antes de la representación, los miembros del grupo hicieron un pasacalles, atrayendo a la chiquillería hacia el recinto, cuales flautistas de Hamelin. Y allí le encontré feliz como uno más del elenco, rodeado por un coro infantil ante el que ejercía de rey mago repartidor de caramelos. Más tarde, instaló una antigua cámara de cajón en un pasillo, y procedió a fotografiar a los asistentes que se colocaban detrás de los descabezados monigotes pintados en una tabla. Esa noche, representando a un retratista minutero de otra época, creo que disfrutó de uno de los más agradables momentos de su larga y fecunda trayectoria fotográfica.

    Demetrio Enrique Brisset, marzo 2021

    Carlos Canal

    23/3/2021

    “IGNIS VITAE”. RECORDANDO A JORGE RUEDA

    El tiempo pasa inexorable y es ahora, cuando se van a cumplir diez años de la perdida de mi amigo Jorge cuando los hilos del tiempo parecen volver a tejer la madeja de la vida y la memoria se llena de fogonazos de un pasado que no quiero olvidar.

    Recordare siempre la pasión con que Jorge defendía que, los autores pudieran recibir remuneración económica por exponer y editar sus obras ya que formaban parte del entramado cultural de la sociedad. Uno de sus temas preferidos de conversación eran “los desenterradores”, y la necesidad de terminar con una especie que, se dedica a remover las cenizas de creadores que no han tenido el reconocimiento en vida, y especulan con el valor del objeto, más aún, después de muertos. Resuena en mis recuerdos una frase que Jorge repetía con insistencia: “Prefiero vender mil fotos a un euro que una foto a mil euros”

    Jorge se definía como un ser “tosco” y “molesto” que, rechazaba la palabra artista, a pesar de crear una obra genuina y singular, fuera de las corrientes de la época y sin referentes determinados. Sus imágenes perturbadoras, respiraban frescura y sentido del humor. Rebosantes de surrealismo, sexo y crítica contra el poder religioso, político y militar, cuestionan los valores de una sociedad hipócrita que defiende lo políticamente correcto.

    Durante los años que compartimos nuestra amistad, descubrí un ser humano tierno, tímido, valiente, inseguro, generoso, sincero y coherente. Buen amigo de sus amigos, desconfiaba de los desconocidos, mostrando en ocasiones su acritud y mal carácter. Jorge era un disfrutón, y luchaba contra el aburrimiento de la vida cotidiana realizando performances, produciendo electricidad, haciendo casas, inventando artilugios, defendiendo sus tres principios existenciales de “salud, dinero y amor compartido” vivió hasta sus últimos días con pasión, sexo y libertad.

    Hablamos mucho en las últimas semanas de su archivo, de la necesidad de preservarlo, de que pudiera formar parte de los fondos de alguna institución. Jorge lo tenía muy claro, y su familia y sus amigos también, ya habíamos sido aleccionados en repetidas ocasiones de que si no se producía “la compra” por parte de algún coleccionista o institución, el archivo ardería en una pira. A Jorge le sorprendió la enfermedad y la muerte se lo llevo en dos meses. Hasta el último momento intento que la venta se produjera, cosa, que desgraciadamente no ocurrió. En abril de 2010, una nota manuscrita expresaba su voluntad de que “SE QUEMEN concienzudamente y por completo” todos los negativos archivados en una maleta, las fotos, diapositivas, y discos duros que se encuentran en la casa. Lo único que había que salvar eran los libros y catálogos, ya que para Jorge, la fotografía había nacido para reproducirse.

    Tengo grabada en mi memoria la escena que cierra la vida de mi querido Jorge, ya en casa, con una energía desbordante para un moribundo, comenzó a organizar como íbamos a preparar la pira en el jardín al día siguiente, él estando presente, dando instrucciones y controlando todo el ritual. Un final digno de un ser humano que vivió hasta su último suspiro manteniendo el espíritu de la coherencia y la libertad.

    Este video representa su última obra y también su testamento. “Ignis Vitae”, toda una vida convertida en ascuas. Tu familia y tus amigos cumplimos tus últimas voluntades. Descansa en paz Jorge.

     

    Carlos Canal

    SALVO LIBROS Y CATÁLOGOS

    19/3/2021

    ZOR, versus Jorge Rueda, publicaba en Quesabesde sus “postalitas del viernes”.

    Además de miles de post con clases magistrales de fotografía y vida.

    Sus contenidos y su foro de fotografía se convirtió durante más de una década en la referencia indiscutible en el sector de la fotografía en español.

    Morer Non

    19/3/2021

    Querría decir algo sobre Jorge Rueda

    y no sé como.

    Coincidimos en espacios virtuales y fueron años de absoluta riqueza.

    Esa capacidad de hacer ver aún sin pretenderlo, esa presencia.

    Nunca nos hemos visto ni oído.

    Solo nos conocimos, como se conocen quienes comparten algunos pensamientos e intenciones sin censura.

    Era denso Jorge, pero no denso plomizo, sino de una densidad liviana, maleable -como su “platoro” quizás-, siempre dispuesto a arriesgar y lo más difícil… asumirlo.

    Con esto me he quedado y por ello sufro, pero duermo bien cuando puedo.

    Gracias Jorge, por ti y por tu eco…

                                                      morer.

    SALVO LIBROS Y CATÁLOGOS

    16/3/2021

    SALVO LIBROS Y CATÁLOGOS

    12/3/2021

    En abril de 1976, Jorge iba a inaugurar una exposición en la Photogalería de Madrid. Por entonces yo colaboraba con la seria e influyente revista semanal Cuadernos para el Diálogo, y quise propagarla, redactando un artículo a partir de una mezcla de conversaciones y textos suyos. Cuando nos vimos más adelante, me dijo que “la escribí sin haberla visto”, ya que iba en otra dirección formal. En fin, aunque no correspondiera exactamente a las obras expuestas, creo que reflejé su actitud artística.

    Demetrio Enrique Brisset.

    Enri Castorp

    6/3/2021

    Descubrí a Jorge de una forma un tanto particular, antes fueron sus palabras y luego sus imágenes y ocurrió lo que con pocos creadores me ocurre y es que cuando pienso en él, me vienen sus textos antes que sus imágenes. Tiempo después pude confirmar, que él ya hacía muchos años que sabía que esa particularidad e interés, era común entre muchos de los que le conocían.Pero hay una fusión perfectamente armoniosa entre sus pensamiento y sus imágenes, tanto, que sin ser necesario para disfrutarlas conocer las dos al mismo tiempo, cuando se conocen ambas, el producto compacto resultante, es tremendamente exquisito y excepcional.

    Elijo un texto para poner aquí Nosotros los artistas, que en definitiva reúne casi toda la línea de pensamiento básica que pude apreciar en Jorge y que además, lo divide en dos páginas a modo de contraposición.

    El primer texto muestra una visión que parece externa por la ligereza y el cierto desprecio con la que lo relata, es como aquel que se burla de sí mismo y de los demás, muestra los vicios y las debilidades, la vanidad, el poder de la corrupción moral, la falta de principios y ética necesaria para conseguir salir airoso entre las zarzas de la vida. Es una pequeña representación de Fausto contemporáneo a la española, todo sintetizado perfectamente en unos pocos párrafos.

    La otra página muestra ese Jorge interno, noble, frágil, inseguro, generoso, humanista, justo y sincero como a menudo suele ser una persona con una exagerada tendencia a la autocrítica. Esta segunda parte, para la que nos ha preparado en la primera, es donde creo que Jorge se desnuda totalmente y muestra sin pudor, lo que quizá tanto le costaba mostrar externamente o al menos en lo que yo pude apreciar.

    El primer texto podría ser el Fausto y el segundo reúne todo un compendio de filosofía existencialista. Desconozco cuáles eran los gustos literarios de Jorge, de hecho no parecía querer ser considerado como persona cultivada y rehuía el tema, pero en una sola página se encuentra la estructura de mucha de la filosofía de finales del siglo XIX y siglo XX y lo hace en apenas una página. El texto demuestra una gran capacidad para sintetizar ideas y conceptos en un texto breve y además lo consigue utilizando una fórmula amena, sencilla y entretenida nada que añadir que no parezca excesivo, aunque lo merezca, quizá a él no le haría mucha gracia. 

    Añado que no lo conocí en persona y durante el tiempo que lo conocí, todo se formuló a través de líneas de texto donde nos faltaba la información gestual, pero en los pocos videos que he visto de él, me pareció confirmarse esa imagen. 

    Para finalizar, espero y deseo, acceder en el futuro a el máximo número de textos de Jorge, ya que lo que pude reunir es poco y aunque las líneas generales y partes de sus textos los citará a menudo, leerlo en su contexto, forma original e incluso línea de tiempo al que pertenecen, es para mí, muy interesante, así pues gracias por los que lo estáis haciendo.

    Carlos F. Villasante

    5/3/2021

    No tengo tiempo, Jorge. Ni espacio.

    Cada vez soy más anciano pero no tan sabio como tú. Aunque seas eterno para mi, siento profundamente que no estés comiendo y bebiendo entre nosotros tus amigos para celebrar esta ecatombe que es lo que se organiza invocando después de una batalla victoriosa.

    Brindo por ti por siempre.

    SALVO LIBROS Y CATÁLOGOS

    5/3/2021

    Foto álbum cortesía de Carlos F. Villasante

    No era del gusto de Jorge Rueda indicar el año de nacimiento en referencias biografías o curriculares. Explícitamente solicitaba su omisión.

    Cosa muy distinta es que en el día de su aniversario le sobrara el ser felicitado por su círculo íntimo.

    Este 5 de marzo recordamos a Jorge con un texto inédito y entrañable escrito por su querido y leal amigo Carlos F. Villsante para SLYC. 

    Que lo disfrutéis, va por tí querido Jorge. 

    Salud

    Para que todos sepan que no ha muerto

    Para que todos sepan que no ha muerto

    En los setenta, Joaquín Garrido Medina afirmó que trabajo es aquello que uno no haría si no le pagasen. Y en eso persistiría su hermano catedrático de cambio social Luis Garrido Medina. También en los setenta, Jorge Rueda afirmaba que el trabajo de un ser humano debería respetarse. Hay un trabajo honesto y respetable, irrefutablemente modelo de Jorge Rueda y otro pesaroso, de frente sudorosa, gana panes que roza en la esclavitud.

    Respecto a los rendimientos del trabajo, en su libro “Desatinos”, Jorge afirma: Como te sigues haciendo el sordo y el desmemoriado te repito que me gusta que me des honores pero insisto en que sean comestibles, por favor. A ver si se te ocurre pagarme con justeza alguna vez, cuando programas mis servicios, si comes del ordeño, no olvides que la vaca también come ¿de qué coño crees que vivo?

    El pasado anti franquista de Jorge Rueda no ha quedado suficientemente alabado. En su texto reiteró: y por fin moría el mezquino y sórdido tirano. En primavera y verano solía vestir una camisa de color violeta pasión republicana, pero nunca de rojo y amarillo. La patria, como a mí, le importaba una mierda. Pero le gustaba retratar fachas desapercibidamente. De incógnito y con una mirada irrefutable.

    Cuando acudía a una concentración facha, solía mimetizarse para no correr riesgos. Se engominaba el cabello y cambiaba su vestuario a modo facha. Un día, a la salida de un acto de reafirmación nacional de Fuerza Nueva en la plaza de toros de las Ventas, vio que un energúmeno mostraba en la chaqueta, junto a la sobaquera, un abultamiento propio de esconder una pistola. Se acercó y le solicitó que le mostrase el arma enfundada para fotografiarle. El facha accedió al tiempo de advertirle que si la veía publicada por ahí, le buscaría y le mataría. La fotografía se publicó y a la semana, los fachas fueron a buscar a Jorge a su buhardilla de Lope de Vega, afortunadamente no estaba pero le reventaron su casa. Desde entonces y durante un tiempo, vivió en un Land Rover de gran tamaño que le fabricaron ex profeso.

    Con ocasión de la primera visita de Juán Pablo II a Madrid, me lo encontré en la plaza de Colón en la que no cabía ni un mea pilas más. Me dijo que estaba encantado fotografiando aquellas almas benditas esperando al papa y su bendición urbi et orbi. Un helicóptero sobrevolaba la plaza con un dispositivo que parecía el frontal de una gran lente. Los dos, entre risas, estuvimos de acuerdo de que se trataba del ojo de dios.

    Además de la riqueza de sus archivos fotográficos y textuales, también hacía grabaciones de audio con un pequeño magnetófono de cassette. Y preciosos y emocionantes diaporamas que conmovían. Tenía un gusto exquisito para sonorizar las bandas sonoras. Pero ya no queda nada. Solo en la memoria de los que lo recordamos como un gran privilegio y honor, como su legado. Un día me citó para una audición. En ella, la voz de Jorge narraba una especie de transustanciación que percibió en una caverna de Lanzarote. En los Jameos del agua, se le fusionaron el blanquecino fulgor plateado de los Jameos y la dorada belleza del sol. Y como en un sueño alquímico imaginó una nueva materia a la que llamó Platoro.

    Genio e ingenio. Ni tiempo ni espacio, los únicos misterios de su religión. Eso era un tesoro que Jorge portaba con una humildad infinita y, a veces, con mucha mala leche. Como Goya o como Buñuel, con los que le comparé en un texto de presentación para su libro Human. Esa intuición que Jorge desarrolló a lo largo de su obra y de su vida propia de genio. Esa fuerza inequívoca que emana de cada una de sus imágenes a contratiempo y caiga quien caiga. Contra la molicie del abandono a una grata pereza, tan española.

    Porque nunca fue bien tratado por el mercado o por los agentes de valores en arte. Jorge les llamaba cuervos porque están esperando a que palme el artista para que suban las acciones y acaparen todo lo que reste. Pero se jodieron porque lo quemó todo. Creo que esa es la razón de la pira. Ese fue su único testamento.

    En épocas de vacas flacas, desde Jorox-Alozaina venía al rastro madrileño para ofrecer las alegrías de su huerta. Y así sobrevivía feliz sin un mal gesto. En la casa que habitaba bendita por el aire serrano, cultivaba buenos manjares que le daba la tierra que mimaba. Un día que le visité comí las mejores alcachofas que he comido en mi vida. Y en una roca de la parcela que rodeaba su casa, fotografió esa serpiente retorciéndose que paraliza el corazón. Sus fotografías poseen la convocatoria paralizante del espectador.

    A veces se hacía el sordo, como Goya y Buñuel. Y hablaba alto argumentando que al vivir en solitude no le escuchaba nadie y se acostumbraba a alzar la voz contra sí mismo. Y eso no solo era comprensible, sino muy gracioso. Porque el humor, otra de las características de la impronta española de buen cuño, era una de las actitudes de Jorge. Casi siempre risueño y sin contracturas ideológicas.

    Existen dos épocas diferenciadas en sus fotos montajes y collages. La primera es foto analógica y la segunda y última digital. Y siempre la constante de la inexistencia de “costuras” entre forma y fondo. En la primera época ejercía un biselado, lijado al agua y coloreado de los bordes logrando una integración perfecta. En la segunda, una selección y perfilado de bordes también perfectas. Aunque no le gustaba reconocerse como tal, Jorge era un perfeccionista. A veces se ayudaba del aerógrafo, como en la fotografía en la que una mujer levita sobre una silla de ruedas bajo una claraboya.

    Como si fuera su propio epitafio, Jorge escribió uno de los textos que me han impresionado:

    Me iré, me iré un buen día, me iré tarde como siempre, resistiéndome a partir y cuando ya no lo esperéis de tanto habérmelo oído. Me iré sin prisa, dejando algún aliento entre vosotros, sin renegar de nada y tratando de perder en mi memoria esta noche triste que me siguió por el primer tramo de mi vida. Os dejo aquí y me duele porque comparto este drama negro que asesina nuestra alegría y la aplaza y la equivoca. También me gustaría quedarme, pero no, quedarse es poco y no resisto el hambre de otra aurora, no creo ya en la promesa de un mañana limpio que no llega. Ya es HOY, ya es. Lo tomo de la mano, lo disfruto, lo acaricio y lo contagio a quien conmigo venga. Quizá sea algo tarde, quizá he dormido mucho, pero aún es tiempo y no quiero que pase sin llevarse entre sus brisas a este cuerpo mío rebelde a convertirse en cadáver o en mártir de otra historia.

    El me llamaba brujo y yo amigo del alma. Y su espíritu pervive más intenso que nunca. Para que todos sepan que no ha muerto.

    Quiero dormir un rato,

    un rato, un minuto, un siglo;

    pero que todos sepan que no he muerto.

    Federico García Lorca

    © Carlos Villasante
    Octubre 2020

    Antonio Gallegos

    5/3/2021

    ¡Imprescindible esta muestra! Siendo lo único que se salvó de la quema, no debería pasar por alto el legado de Jorge, como fotógrafo y como criatura pensante en este país que siempre ha dado la espalda a los artistas y criaturas pensantes en general.

    Rosell Mesenguer

    3/3/2021

    Todo lo mejor para el proyecto de Jorge Rueda y su mágica fotografía surrealista.

    SALVO LIBROS Y CATÁLOGOS

    2/3/2021

    «Recreativo Español-Arlés» de la revista Nueva Lente que él dirigía. El texto es breve y agudo y, salvando todas las distancias, me anima a pensar en los puntos tanto de convergencia como de divergencia. Lo primero que me llama la atención es ese título, ese espíritu «deportivo» con el que resumió la aventura de un equipo que juega por primera vez en una competición internacional después de décadas de un aislamiento solamente arañado por asociaciones como Afal, que tendieron algunos puentes con lo que ocurría en el exterior.

    Fragmento de Jorge Rueda: Salvo libros y catálogos. Texto magnífico e inédito escrito por Sonia Berger para la publicación SLYC.

    SALVO LIBROS Y CATÁLOGOS

    26/2/2021

    Fuego que prenderá la revolución de los archivos

    Últimamente los archivos fotográficos están dando que hablar: dispersión, descoordinación, falta de un criterio común de las instituciones… Y, mientras se da esta situación de indefinición que pone de manifiesto la precariedad en la que se encuentran ciertos archivos singulares y la indiferencia frente a su valor como obra de autor, una amenaza se ha cumplido: la quema “reivindicativa” del archivo de uno de los fotógrafos más significativos para la historia de la fotografía española de la segunda mitad del siglo XX. Me refiero al archivo del fotógrafo Jorge Rueda, quien había dejado por escrito en sus últimas voluntades: “los archivos fotográficos en forma de clichés, diapositivas y fotografías de cualquier tamaño, repartidos en diversos lugares de mi domicilio, sean concienzudamente quemados y/o destruidos por mi albacea, debiendo sólo respetarse los catálogos, libros y publicaciones impresas”. Y de esa manera procedió su albacea, para que el 13 de diciembre de 2011, en el patio de la casa de Rueda en Jorox, se prendiera una fogata alimentada con las grandes copias, los originales de sus clásicos fotomontajes y el archivo de negativos completo en el que se encontraba el registro de la mirada de Jorge Rueda. Mientras, Carlos Canal, íntimo amigo de Jorge, siguiendo también su deseo expreso, documentó todo el proceso de inmolación con su cámara de vídeo. 

    Presintiendo la potencia y el interés de su archivo y viendo la frialdad con que se afrontaban las negociaciones con las instituciones artísticas del país, Jorge Rueda llevaba años anunciando la quema de su archivo. Para los que le conocíamos sabíamos que era algo más que una amenaza si no lograba venderlo antes. Argumentaba que lo que no le pudo beneficiar a él en vida no iba a enriquecer a ningún otro estando él muerto. “La vaca que da la leche también ha de comer”. Rueda llamaba la atención sobre aquellos fotógrafos olvidados por todos que al morir se convertían en grandes autores, su trabajo se cotizaba más, se llevaban a cabo las grandes exposiciones retrospectivas y se condecoraba a sus viudas. Rueda sentía que las fotos que no le habían comprado en vida como justo salario fruto de su oficio, se irían con él y no formarían parte de ninguna exposición post mortem. En cualquier caso, no estando él, ¿cómo le iba a doler la intrascendencia o transcendencia de su persona o de su obra? ¿Por qué le tendría que pesar en su conciencia a él, que ya no existe, la historia de la fotografía, la historia de España o cualquier otra historia en la que intuía el propósito vanidoso de un comisario caza cadáveres? Es a nosotros a los que todavía nos puede importar lo que pueda pasar con los archivos fotográficos en el futuro. Y si a cada uno de nosotros nos acabará sorprendiendo la muerte, de eso se trata, ¿a quién le puede importar que los archivos fotográficos perduren para la historia? ¿Hay alguien ahí trabajando tras las puertas de los despachos?

    En el caso de que las cosas tuvieran que tener sentido más allá de la muerte, la única razón del acto planeado por Rueda habría sido iniciar una revolución. No fue su deseo acabar destruyendo su archivo, al que siempre se había dedicado y al que había cuidado y guardado imaginándole un lugar en el futuro. Pero finalmente, a la manera de aquellos monjes budistas que se prendieron fuego en Indochina o aquel estudiante de Praga que con su muerte dio el pistoletazo de salida para la revolución de terciopelo, el fuego que consumió el archivo de Rueda hay que interpretarlo como una autoinmolación dolorosa con la finalidad de denunciar la falta de interés por parte de nuestras instituciones culturales hacia los archivos de los fotógrafos en vida. Una forma de protesta extrema. Pero no desesperanzada. Pero no fatalista. Pero no egoísta ni revanchista. Ni cínica. Un gesto de alguna manera generoso de un hombre libre, desprendido de todo y valiente como fue Jorge Rueda. Un gesto radical que no puede quedar ahí como mera nota en la sección de sucesos de la fotografía. Acciones desesperadas como ésta nos inquietan pero necesariamente nos comprometen a la lucha. Nadie descansará en paz hasta no lograr el siguiente paso. Tendremos que vencer la impotencia de no poder recuperar lo ya perdido, alejar la sensación de que la causa está perdida. Lo que sí está perdido y lo hemos de admitir, es el archivo de Rueda. Pero no su causa. Si las chispas que puedan salir de su hoguera tienen que volver a prender ya no será en otro archivo, sino en el coraje que nos hará defender su valor para la sociedad y la cultura. Fuego que prenderá la revolución de los archivos.

    © Laura Terré, 2012

    SALVO LIBROS Y CATÁLOGOS

    23/2/2021

    Jorge Rueda: El difícil punto medio.

    El subtítulo Nueva Lente y sus equilibrios. Lo mediocre del presente, sugiere al lector a dónde encamina Yuste el contenido de sus preguntas: criterios de la edición de fotografía en España en las distintas publicaciones.

    Excepcional entrevista de Juan Ramón Yuste a Jorge Rueda en 1986 para la revista La Luna. Director: Borja Casani. Subdirector: José Manuel Costa. Jefes de redacción: José Tono Martínez y Juan Carlos de Laiglesia.

    SALVO LIBROS Y CATÁLOGOS

    17/2/2021

    Jorge Rueda en los talleres de Cabueñes (Gijón, Asturias), 1988.

    Foto de álbum por cortesía de Montserrat de Pablo.

    Gracias a la foto de Montse, comprobamos como Jorge parte de tomas fotográficas, anteriores y variadas, para componer una nueva imagen, espant.

    Enrique Sanz Ramirez 

    19/2/2021

    Tanto a título personal como al  de Presidente de la Real Sociedad Fotográfica, mi mayor admiración para uno de las figuras más modernas , originales y visionarias que ha dado la fotografía  en España, vaya con este reconocimiento la reseña de la exposición homenaje que le hicimos en nuestra sede y como el propio Jorge dijo … “si uno no sigue, todo sigue sin uno”.

    JORGE RUEDA Y SUS CONTEMPORÁNEOS EN LA RSF. HOMENAJE A UN FOTÓGRAFO VISIONARIO

    La Real Sociedad Fotográfica  se  presenta en el  marco  del Festival Internacional de Fotografía PhotoEespaña 2012 con  un sentido homenaje,  tras su fallecimiento, a Jorge Rueda. Se trata de uno de sus socios históricos, por lo que la muestra cuenta con sus trabajos originales así como con los de sus contemporáneos, pertenecientes todos ellos a los fondos de nuestra fototeca, con alguna aportación de colecciones privadas.

    Con esta exposición volvemos a poner en valor el trabajo de nuestros socios, en esta ocasión, mostrando el trabajo de uno de los fotógrafos más transgresores, iconoclastas e  irrepetibles del panorama fotográfico español, junto a otros de sus colegas de generación tan conocidos como Elías Dolcet, Alberto Schommer, Miguel Oriola, Pablo y Luis  Pérez Mínguez, Joan Fontcuberta, Jose  Mª Ribas i Prous, Antonio Tabernero,  Salvador Obiols, Paco Roux, Ouka Lele o Rafael Navarro.

    Se trata, con nuestra propuesta, de situar la mirada en lo que sucedía  en la década de los 70/80  en la fotografía española y por ende en la Real Sociedad Fotográfica. Esa época en la que Jorge Rueda era uno de nuestros  miembros más activos, formando parte de la Junta Directiva de la asociación. Su participación como vocal de ediciones no carece de importancia ya que el nacimiento de la revista Nueva Lente, de la que fue arte y parte durante un tiempo junto con sus creadores, Carlos Serrano y Pablo Pérez-Mínguez, vino a cristalizar, de algún modo, las ansias de cambio que estaba demandando la sociedad en aquel momento.

    No puede afirmarse, sin embargo, que la Real Sociedad Fotográfica compartiera por completo las propuestas de Nueva Lente pero, como indican Ana Martín y Manuel Muñoz, estudiosos de la historia de la agrupación madrileña, la mayoría de los nombres mencionados más arriba, se formaron en sus tertulias y obtuvieron reconocimiento en sus concursos lo que influyó, definitivamente, en su proyección nacional.

    Y es que los concursos o salones fotográficos, desde siempre, y también en los años 70 y 80, cristalizaban las ansias y deseos de los jóvenes fotógrafos de  esa época por dar  a conocer sus propuestas. Y, aunque el propio fotógrafo era muy crítico con la fórmula de los mismos, cuestionando más que el concurso en sí mismo el que los jurados favorecieran  un determinado estilo fotográfico, fue  ganador en la XIV edición del  Salón Nacional de Fotografía  que organizó la Real Sociedad Fotográfica en 1970.

    Y no sólo eso. Como bien explica Enric Mirá en su estudio sobre la vanguardia fotográfica de los años 70 en España, a falta de otra infraestructura, el concurso se convierte en la plataforma a través de la cual la crítica, personificada en el jurado, instaura una determinada estética y legitima los niveles de artisticidad de lo fotográfico.

    Además del concursante y el jurado, el tercer elemento del sistema lo componían los organizadores de los concursos que, continúa Mirá, a raíz del boom concursístico de los años 70 surgen por todas partes. Sin embargo, es en los concursos organizados por las agrupaciones fotográficas donde los fotógrafos perciben que el prestigio de su conquista es mayor.

    Todos estos cambios se hacen manifiestos ya en el número 0 de la revista Nueva Lente desde la que sus creadores se erigen en iniciadores de transformaciones. De hecho, afirman desde sus primeras páginas que su programa, independientemente de otras pretensiones más ambiciosas, consiste en propiciar una renovación de forma “concreta, honesta, rigurosa y clara”.

    Esta necesidad y estos primeros pasos en este sentido dieron como consecuencia un aire nuevo de cambio generacional en el que se inició un movimiento contracultural que, en el contexto de la transición política española en Madrid, trajo consigo algo tan genuino y único como La Movida.

    Uno de los lemas que propugnaba Nueva Lente era “Vale todo”. Y tal afirmación caló tan hondo entre sus seguidores que numerosos fotógrafos partían del arte conceptual y se centraban en su potencial artístico, independientemente de las técnicas empleadas.

    Hasta tal punto influyó este modo de pensar en la fotografía que, como recordaba el propio Pablo Pérez Mínguez en la revista, algunos llegaron a decir que los responsables de Nueva Lente eran unos pintores, unos artistas que querían “cargarse” la fotografía.

    Volviendo a Jorge Rueda, la impronta que nos transmite en sus imágenes es merecedora de un interés instantáneo, que produce un auténtico shock en el espectador en la búsqueda del sentido de lo que está contemplando.

    Anticipado a su tiempo, con una coherencia argumental fuera de toda duda y un compromiso social arriesgado en una época en la que la censura cercenaba determinadas licencias, el fotógrafo apostaba por un humor ácido y vitriólico, mostrando unos personajes trazados por el pincel de su llamado realismo fantástico, que no surrealismo.

    Él mismo, a través de sus ideas, de sus textos y acciones, con ese verbo rápido e intrincado en el que se mostraba como un iletrado, era el mejor de sus personajes como podemos ver, a modo de ejemplo, en el texto de presentación de su magnífico libro Mal de Ojo.

    Su inquietud le llevó a compaginar su labor de fotógrafo con otros muchos proyectos. Trabajó como reportero gráfico para la revista Triunfo, colaboró con el mundo editorial fundando la revista Aquí Imagen, participó en proyectos editoriales internacionales como Haitier, Ruedo Ibérico o Panorama y fue muy notorio su trabajo como comisario en los conocidos y prestigiosos Encuentros Internacionales de Arlés.

    En varias ocasiones dirigió los Encuentros Fotográficos en Andalucía (FOTOPLIN), fue copartícipe en los inicios del proyecto Imagina, desarrollado en el ámbito de su tierra natal que, posteriormente, junto con Manuel Falces daría lugar al Centro Andaluz de la Fotografía (C.A.F).

    A todo lo anterior hay que añadir su faceta de maestro, reconocida por muchos fotógrafos, a los que formó a través de talleres, cursos, escritos y diversos libros.

    El nombre de Jorge Rueda quedará ya en el rincón de los olvidados por el Premio Nacional de Fotografía, junto a tantos otros. Quizá no haya sido su momento; quizá su rebeldía transgresora y ácida no fuera del agrado de los jurados. Quién sabe. Desde nuestra modestia y desde nuestro agradecimiento planteamos ahora este particular homenaje al fotógrafo con esta exposición.

    Y, aunque uno de sus últimos deseos fuera la destrucción de todos los archivos fotográficos de su propiedad, lo contravenimos en el convencimiento de que debemos mostrar su trabajo y compartirlo ya que, como el propio Jorge Rueda escribió una vez, “si uno no sigue, todo sigue sin uno”.

    Enrique Sanz Ramírez

    Presidente de la Real Sociedad Fotográfica

    SALVO LIBROS Y CATALOGOS

    9/2/2021

    Comunicar, valiéndose de su soporte favorito, el fotomontaje, elaborado a partir de sus propias realizaciones fotográficas, retratos, reportajes y elementos de la realidad que se convierten a través de su fantástica imaginación, en metáforas visuales de manera que no disocia la importancia documental, del hecho fotográfico como creador. Comunicar descansando siempre en el consolador colchón del surrealismo.

    Fragmento del texto escrito por Felix Lorrio para Jorge Rueda y sus contemporáneos en la RSF. Homenaje a un fotógrafo visionario

    SALVO LIBROS Y CATALOGOS

    2/2/2021

    Genio e ingenio. Ni tiempo ni espacio, los únicos misterios de su religión. Eso era un tesoro que Jorge portaba con una humildad infinita y, a veces, con mucha mala leche. Como Goya o como Buñuel, con los que le comparé en un texto de presentación para su libro Human. Esa intuición que Jorge desarrolló a lo largo de su obra y de su vida propia de genio. Esa fuerza inequívoca que emana de cada una de sus imágenes a contratiempo y caiga quien caiga. Contra la molicie del abandono a una grata pereza, tan española.

    Fragmento de Para que todos sepan que no ha  muerto. 

    Texto magnífico e inédito escrito por Carlos F. Villante para la publicación de SLYC.

    SALVO LIBROS Y CATALOGOS

    26/1/2021

    Foto álbum por cortesía de Demetrio E. 

    Jorge Rueda en su parada del rastro de Madrid.

    SALVO LIBROS Y CATALOGOS

    19/1/2021

    Foto de JR PORTADA Revista Psicodeia

    Carlos Canet

    12/1/2021

    Una pequeña anécdota al respecto de este texto; como todavía no era común usar e-mail y había prisa en la imprenta, Jorge me leyó el texto por teléfono y lo grabé con un walk-man. El caso es que bien por mi transcripción o por prisas en la imprenta, unos pequeños cambios sintácticos cambiaron un poco el sentido del texto; con lo que no se sabía bien si al autor le gustaba la exposición o todo lo contrario, lo que desconcertó un poco al galerista. Así y todo, a mí me pareció muy Rueda y fue un orgullo para mí.  Este texto apareció más tarde en Mal de ojo 

    Demetrio E. Bisset

    5/1/2021

    Fotos de Jorge Rueda en Galería Redor, Exposición y Happening 1973

    Felix Lorrio

    29/12/2020

    Presentación que nos hizo a Yeti en Nueva Lente.

    Lectura incluida en la intervención en el Encuentro para PRO.

    Fundación Manuel Faces

    22/12/2020

    Jorge Rueda “Proyecto Imagina. Fondos Del CAF”

    Del 01/07/2004 al 30/09/2004

    +info: https://manuelfalces.org/

    jorge luis santo garcia

    15/12/2020

    Me alegra sobre manera, que se le rinda tributo y recuerdo a quien fuera un gran referente de la fotografía “particular de él” ya que no le gustaba el término “surreal”. Mucho éxito con este proyecto. Un abrazo.

    Enric Mira

    3/12/2020

    A menudo se olvida que los fotógrafos también reflexionan y escriben sobre fotografía o sobre otros fotógrafos. Recuperar la figura de Jorge Rueda en todas sus facetas es, sin duda, una iniciativa muy oportuna. Enhorabuena.

    Manuel López Villegas

    3/12/2020

    Es imposible que yo fotográficamente sea de un modo y como escritor sea de otro, soy el mismo que utiliza distintos lenguajes y que trata de expresar lo mismo por distintos medios.

    Jorge Rueda

    (Conferencia pronunciada en Mira Algeciras, noviembre de 2004)

    La escritura de Jorge Rueda es casi tan enigmática como sus fotografías. ¿Enigmática? Sí, es una escritura hecha de capas, tantas como las que contienen sus fotografías. Velos que hay que ir apartando, pero que no siempre caen de la misma manera. Ahí reside el enigma. Cada nueva lectura de un texto de Jorge no es un final, es la apertura de un nuevo misterio, como el que contienen cada una de sus fotografías. El lector perezoso y el obsevador embrutecido no ven más que lo evidente.

    – Pues que se queden con eso – diría Jorge.

    Miremos un poco más lejos. Quizá un lector virgen de su fotografía desentrañaría mejor el misterio de su escritura. Pero, ¿para qué acabar con el misterio? Misión imposible, misterio inexplicable.

    Yo, que llegué primero a sus fotografías y luego a su escritura, ahora me siento incapaz de separar la una de la otra. Leer a Jorge es participar en un juego de capas, colores, luces y estampas oníricas que se superponen a las reales. A donde la imaginación te lleve en la contemplación o lectura. Un lector ajeno a su fotografía es un lector que lee con un solo ojo, que entiende con un solo hemisferio, si acaso el entendimiento se hayase recluído en un lugar único y si es que se hiciese necesario entender. En uno de sus textos, los parroquianos de un bar creen descubrir milagrosamente un rostro en la pata de un jamón colgante. Puede que en algo tan simple radique su genio.

    Dice Jorge que hay una fotografía inventada y otra encontrada. ¿Es su escritura inventada o encontrada? Quizá búsqueda que cristaliza en invento, porque hay entre sus textos, mezclados o a veces solitarios, cuentos, poemas, aforismos, reinvenciones de dichos populares, ensayos camuflados, epitafios y hasta un cuasitestamento o última voluntad. Escritor multigénero, artista multidisplicinar – Jorge habría vomitado sobre ambos términos, por putrefactos y horteras. La manía de teorizar y ponerle nombre a todo. Jorge escribe claro sobre el misterio de estar vivo y los caprichos de la mirada. Pero misterio al fin al cabo. Claridad luminosa y misteriosa como su fotografía, fotografíar un candado para liberar el ojo del que contempla. La escritura como llave. Embriagar al lector con el color de la tinta negra. La pluma de Jorge es un ojo que escribe, un ojo múltiple como el de un insecto. De ahí el misterio.

    Jorge hablaba entre recio y tímido, entre brusco y suave, entre borde y comedido – dualidad esta muy almeriense-, y esas maneras se trasladan a su textos. La suya es una escritura seca, sin florituras ni adornos superfluos, escritura pausada que en un momento se desborda y arrasa con todo, como esas ramblas que parecen calmadas y en un momento se vuelven destructivas. Porque Jorge, como Bukowski, también pelea a la contra en sus textos. No se conforma. No importa el precio, hago lo que me da la gana. Es lo que tiene ser libre.

    Decía Buñuel que no le importaría ver arder en el jardín de su casa los negativos de todas sus películas, y pide Jorge en esa voluntad última, escrita el año antes de su muerte, que arda todo lo que sea susceptible de rapiña por parte de los de siempre:

    Con el fin expreso, de que las alimañas carroñeras que me acosaron en vida, no se aprovechen de mis despojos, tal como tienen por costumbre.

    Historia de todos, carnuzo transplantado en los que lo leemos y lo vemos. Jorge, al final te salió el poeta del que renegabas, pues nada hay más poético que esa fogata póstuma.

    © Manuel López Villegas

    Octubre 2020