Año: 2016
Editorial: autopublicación
En El monstruo sin nombre, Erick Faundez transgrede los límites de lo que entendemos por fotografía, invitándonos a cuestionar la percepción habitual de la imagen. El libro nos enfrenta a un espacio donde el tiempo no solo pasa, sino que transforma, deformando y resignificando cada elemento capturado, y mostrando la fotografía como un territorio en constante mutación.
Cada elemento orgánico se ve absorbido por el papel, como si la propia materia de la imagen fuera devorada por la historia que pretende contar. Esta absorción funciona como metáfora de la memoria y el olvido, de cómo los recuerdos y los objetos se desgastan, y cómo la propia existencia se ve erosionada por la persistencia del tiempo. La monstruosidad que aparece en las imágenes no es terror superficial, sino la consecuencia inevitable de la transformación constante que atraviesa todo lo orgánico.
A través de esta propuesta, Faundez construye un relato donde la fotografía se vuelve casi táctil, capaz de transmitir la fragilidad y la fuerza de lo que se desvanece. El monstruo sin nombre nos recuerda que el tiempo no solo deja huellas, sino que también devora y carcome, convirtiendo cada página en un testimonio poético de lo inevitable y del olvido que habita en lo visible y lo ausente.




