Trato de ir todos los días - Diego Urbina
Trato de ir todos los días - Diego Urbina
Trato de ir todos los días - Diego Urbina
Trato de ir todos los días - Diego Urbina
Trato de ir todos los días - Diego Urbina
Trato de ir todos los días - Diego Urbina
Trato de ir todos los días - Diego Urbina
Trato de ir todos los días - Diego Urbina
Trato de ir todos los días - Diego Urbina

Trato de ir todos los días

Diego Urbina

Colección del Metalibro

Año

2021

País

Chile

Ciudad

Alicante

Editor

Metalibro

Autor texto

Mónica Salinero

Imprenta

Andros

Tipo de Encuadernacion

Tapa blanda

Tipo de papel

Bond 130

ISBN

9789564028743

Número de páginas

96

Gramaje papel

Bond 130

No es una tarea menor decidir cuáles son las imágenes que serán parte de la memoria de la revuelta popular que irrumpió con fuerza generalizada en octubre de 2019 en Chile. Es una responsabilidad la comprensión de lo político que porta cada ser humano y que se pone en marcha al seleccionar, editar, construir un relato visual y elegir algún que otro pie de foto, o bien un punto de entrada a la lectura del relato visual. Bien lo saben los medios tradicionales y quienes forman parte de la política institucional[1]. Para comenzar una lectura y comprender el Metalibro Trato de ir todos los días (TDITLD), que reúne una selección de la producción que realizó Diego Urbina en la rebautizada Plaza de la Dignidad (ex plaza Italia) y sus alrededores en el centro de la ciudad de Santiago durante el 2019, mi propuesta es partir desde las preguntas que nos remiten al texto fotográfico. Si las imágenes enuncian aquello que no se ha querido decir o no se puede decir, lo que no permite ser elaborado desde el lenguaje hablado -aún cuando las imágenes siempre tienen su propio resto y falta, constituyendo así el resto y la falta de las palabras, que no podrán jamás si quiera describirlas en su totalidad y profundidad- ¿qué es lo que enuncia este discurso hecho fotolibro? ¿Qué es lo indecible que sólo puede ser mostrado con imágenes? ¿Cuál es ese resto y esa falta al hablar de la revuelta popular? ¿Qué nos pueden decir o enunciar estas fotografías de las preguntas que nos surgen a diario sobre el proceso político que estamos viviendo en Chile?

TDITLD comienza con la fotografía de una manifestante que desafía con su mirada a los ojos escrutadores de quienes estamos de este lado, lo suficientemente cómodas y cómodos como para disfrutar de este libro en mano. Una imagen del libro llama mi atención, es la imagen del barro. Como una pista que se cuela para alertarnos, el barro en el epicentro de las manifestaciones de la ciudad me evoca el relato de un mito fundacional, nos habla de aquello que está en juego en la revuelta. Como metáfora que hace alusión a la versión de la creación judeo cristiana del mundo, muestra la contingencia del orden socioeconómico actual, su falta de necesidad exterior y su temporalidad. ¿Qué es el mundo si no un orden que se construye y reconstruye diariamente, y que se define por su propia contingencia? A la vez, nos enuncia el reconocimiento interior del deseo de creación de otro orden, de otro pacto de relaciones de los cuerpos que portamos la humanidad en el aquí y en el ahora, que es el deseo de esa mirada desafiante de la portada. Y en ello está una de las claves para mi de ese resto indecible, de lo que se nos ha negado cuando se imponen las formas del mercado y del valor del intercambio como medida permanente para evaluar lo que nos une y separa de las y los demás, es decir unos cuerpos de otros cuerpos.

Las fotografías tienden un hilo, un puente, una ligadura momentánea entre la persona que las observa y lo que está representado en la imagen. En particular nos sucede con los retratos, como espejos de nuestra corporalidad humana. En estas imágenes, cuando se fija esa conexión, veo que no somos una repetición intrascendente, sino que somos seres experienciales que tenemos nuestro propio sentido, nuestros propios cuerpos mutilados, con historia, con edades, con marcas y huellas del daño exterior o de la decisión propia de la identidad de un tatuaje, que no podemos ser reducidas a grandes leyes de la historia ni somos intercambiables. Si hay lucha es esa: la de los cuerpos que se mueven revoltosamente para resistir, eludir el orden y crear uno nuevo. Porque esos retratos nos muestran lo expulsado del mundo perfecto de la oferta y la demanda, como las edades humanas, la ternura, el cuidado y el morir, temas que han desaparecido de la vida social. Vemos el rojo arder de ese deseo individual y colectivo contra el Estado erigido sobre el pacto del poder de coerción para explotarnos entre seres humanos: ¡qué jerarquías más destructivas!.

Desde esta perspectiva TDITLD es un fotolibro que reincorpora a quienes molestan. De quienes, según se dice, generan delincuencia o molestan el tránsito de autos y transporte público, cuando en realidad la molestia que provocan es debido al osadía de protestar, disentir y de tomarse lo público para ello, porque eso parece estar disponible solo como espacio de los ciudadanos y representantes (es decir para quienes no parecen tener motivos para disentir), una ciudadanía que no alcanza para quien no gusta del orden o no “triunfa” en el sistema. La molestia se origina en el no pedir permiso para demandar lo que sabemos nos corresponde, pero que algunos se arrojan el derecho de otorgar o no, como si el derecho a protestar requiriera permiso. Urbina retrata a las personas que protestan diariamente, y lo hace mirándolas desde abajo y desde el frente. ¡Sí! a quienes siempre han sido vistas desde arriba o en el tumulto de la masa informe, siempre desde esas perspectivas que empequeñecen y subvaloran. Aquí el ángulo de la toma expone al gran secreto de las artificiosas jerarquías y, junto con ello, hace imagen uno de los aportes más importantes del feminismo al mundo occidental, que es expresión de toda imagen de revuelta social: lo privado es público... las heridas, la salud, el amor, las condiciones de vida, la relaciones familiares, la violencia, el espacio, el andar, el pensar, el anhelar son problemas de lo público y de lo político. Los cuerpos de seres humanos despojados o excluidos se erigen en seres deseantes y activos, porque sino fuese esa su realidad ¿cómo podrían ser explotados por otros seres deseantes y activos pero inasibles? - esos que no vemos, que no se fotografían, que no están disponibles ni necesitan ser vistos; para quien esté leyendo, la invitación es a sacar sus propias conclusiones de qué es lo que significa no ser parte de las imágenes de las manifestaciones del Chile de la revuelta, o tener en nuestra memoria solo las imágenes de los medios de comunicación.

Para quien las observa, si las imágenes son lo suficientemente significativas por sus formas, ángulos, edición y signos contenidos, pasarán a ser parte de su reservorio de memoria y estarán disponibles no sólo como documentos sociales, sino sobre todo como interpretaciones que pueden ser retornadas al flujo del pensamiento cuando se requiera. Parte de esa significatividad tiene su origen en el elemento de lo indecible que son capaces de enunciar. Construir y hacer circular las imágenes de la revuelta popular es comprender el sentido histórico político que encierran y su dimensión no verbalizable.

 

[1] A modo de declaratoria, debo decir que a mi no me hacen sentido las apologías a la fuerza y la coerción. En primer lugar porque no me nace esa lectura, y en segundo lugar no me identifica políticamente, porque la coerción y el uso de la fuerza es una consecuencia o una herramienta, pero no el centro del problema político. La apología de la violencia deshumaniza a quienes usan la fuerza como forma de defensa o sólo como resistencia, y justifica las desproporciones de quienes las usan como herramienta legítima del orden estatal. No puede reducirse lo político a la fuerza y la violencia, ese es el esquema del pobre occidente moderno del que debemos escapar.

 

0
    Carrito
    Carrito vacio